jueves, 6 de septiembre de 2012



Profesionalización de las redes sociales

Desde tiempos remotos la   profesión ha estado unido al desarrollo de la sociedad; por eso es difícil poseer una definición única, ya que existe una frontera difusa entre lo que es una ocupación y una profesión. La palabra profesión proviene del latín professio-onis, que significa acción y efecto de profesar. Las profesiones son creadas por la sociedad para brindar servicios o cumplir funciones que los individuos no pueden realizar por sí mismos.

El uso común del concepto tiene diferentes acepciones, entre ellas: empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente. Las profesiones son ocupaciones que requieren de un conocimiento especializado, una capacitación educativa de alto nivel, control sobre el contenido del trabajo, organización propia, autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas.

Es importante destacar que generalmente se acepta que una profesión es una actividad especializada del trabajo dentro de la sociedad, y a la persona que la realiza se le denomina: profesional. En otro orden de ideas, el   Derecho ha influido en la sociedad desde que el hombre obtuvo conocimientos, inclusive el hombre primitivo sabia diferenciar lo bueno de lo malo, este Derecho era un Derecho Natural y debido al comportamiento humano fue necesario crear un conjunto de normas Jurídicas que en un momento y lugar determinado rigen con carácter de obligatoriedad la sociedad

La sociedad ha pasado en poco tiempo de rural y agraria a urbana y post industrial, de la dictadura a la democracia, y de la autarquía al mercado. En este marco de cambio, el colectivo de los ingenieros percibe un progresivo desinterés de la sociedad por su trabajo y una pérdida de valores de la profesión.

El profesional estuvo dedicado en el tiempo de la modernidad industrial a la ejecución de tareas fijas y delimitadas de una vez para toda la vida, con pocos cambios a todo lo largo del día y de la vida. En la actual sociedad de mercado se pone en marcha un nuevo tipo de empresa que evidencia cambio en dos sentidos, sentidos que no voy a poder elaborar aquí pero que al menos
debo enunciar.

Para poder entender la transformación que sufre la identidad profesional hay que pensar, primero, en los cambios que sufre el sentido del trabajo; ¿qué sentido tiene hoy el trabajo? ¿qué es un trabajador?; y segundo, ¿qué sentido cobran las figuras profesionales que encarnan al nuevo trabajador y al nuevo sentido del trabajo? Son dos planos que habría que analizar por separado, pero que al
no poder hacerlo por falta de tiempo voy a mezclar. Frente al profesional de la sociedad industrial, dedicado a la ejecución de tareas fijas y fuertemente repetitivas, hoy día la profesión pasa rápidamente a estar asociada a la creatividad, la iniciativa, la innovación. Se trata de un cambio; no existen la creatividad y la innovación por sí mismas sino dentro del alcance que le fija la lógica de la competencia.

El avance del conocimiento da lugar a una creciente complejidad en el enfoque de los problemas, cuya solución requiere enfoques multidisciplinarios. La participación de otros profesionales, el trabajo en equipo, son oportunidades para incrementar los valores de una profesión ante la sociedad. La crítica sobre la actuación profesional de un colectivo, siempre que pueda aprovecharla para reflexionar y rectificar en su caso, debería entenderse como signo del interés que despierta su trabajo en la sociedad.

 A la gente no se le deja libre para que haga lo que quiera sino para que tenga la posibilidad de competir mejor. Pero aún así el cambio es de fondo y no de mera forma, como lo atestigua la nueva figura profesional de los grupos/proyecto, los “círculos de calidad” en los que cada individuo compite con los otros individuos del grupo, y cada grupo compite con otros grupos, no sólo fuera sino aún dentro de la misma empresa En la estructura profesional de la empresa “tradicional” no había dos equipos haciendo lo mismo en situaciones que permitían evaluar permanentemente cuál de ellos era el más competitivo.

 Ahora podemos afirmar que la libertad de hacer, la inventiva y la creatividad son
incendiadas y a la vez puestas permanentemente a prueba bajo el barreno de la competitividad. Y en tal condición cada vez más fuerte, la creatividad se transforma, se traduce en fragmentación tanto del oficio como de las comunidades de oficio. El nuevo capitalismo no funciona con sindicatos fuertes, de alguna manera no sólo los vuelve innecesarios sino imposibles. ¿Por qué? Porque ahora es el individuo el que es responsabilizado de las actividades, el que es puesto a competir con sus propios colegas. Y así el sentimiento de pertenencia a un gremio y de solidaridad colectiva sufre una mengua inevitable. Es bien significativo que en castellano la palabra competencia nos sirva para hablar de las destrezas, de los también para hablar de la lucha a muerte entre empresas. Hoy esa con-fusión es aún más significativa socialmente pues sus ingredientes nunca estuvieron más
mezclados. De la nueva enseñanza “por competencias”se empieza a hablar en la escuela o la academia justo en el mismo momento en que la empresa ha hecho estallar el oficio de administrador o de ingeniero industrial para
transformarlo en un número determinado de actividades desempeñables por competencias individuales.

Aparece entonces la otra cara de la crisis en la identidad profesional: la crisis profunda del sujeto trabajador, del individuo abocado a una reconversión de sí
mismo, que de sujeto ejecutor de tareas trazadas por otros es obligado a tener iniciativa, a innovar. Y ello además en un momento en el cual todo en la sociedad hace del individuo un sujeto inseguro, lleno de incertidumbre,con tendencias muy fuertes a la depresión, al estrés afectivo y mental.

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